Las condiciones sociales y económicas por las que seguimos atravesando las/os colombianas/as son realmente precarias, entre ellas las condiciones laborales que enfrentan día a día a las políticas neoliberales que carcomen nuestro tiempo y nuestra existencia. Es increíble tener un sueldo tan bajo y estar atado a pagar impuestos, además de lo que se necesita para sobrevivir; arriendo; alimentación; salud; educación; y esto en condiciones mínimas, por ello es ineludible la lucha por un país diferente donde todos y todas tengamos las mismas oportunidades y derechos. 

Precisamente el mayor enemigo que enfrentan los trabajadores en el mundo entero, y particularmente los trabajadores que tienen conciencia y voluntad de mantener en alto la lucha por mejores condiciones laborales y sociales, es el neoliberalismo. El nuevo ciclo de acumulación del capitalismo forzó cambios en la estructura productiva a nivel mundial, lo cual transformó las relaciones laborales en detrimento de los trabajadores, dado que obligó a que los Estados dejaran de regular las relaciones laborales, y ahora éstas han quedado bajo el control del mundo del mercado, generando entre otras la llamada tercerización laboral, que no es más que la disolución de la relación obrero-patrono, dado que el contrato laboral se firma con un tercero que no asume ninguna responsabilidad frente a las garantías laborales que anteriormente protegían a los trabajadores, y esto a su vez, impide la organización sindical. 

Además de esto, en un país como Colombia, no solo enfrentamos una ideología antisindical promovida por el mismo Estado y los empleadores, sino la constante eliminación física de los sindicalistas, la estigmatización, la persecución, la judicialización, y todas las formas de coerción a la labor sindical, todo lo cual ha generado la pérdida de la fuerza y la capacidad de negociación de los sindicatos en las relaciones laborales en nuestro país.

Si bien hay que reconocer que los sindicatos son organizaciones de trabajadores que apuntan a hacer efectivos sus derechos y a mejorar precisamente las condiciones económicas y sociales del país, no pueden aflojar frente al intento del Estado de reducirlos en su capacidad negociadora en la defensa de los derechos de los trabajadores y finalmente de acabarlos. En Colombia, entre el 2013 y el 2014 fueron registrados 564 sindicatos, 450 del sector privado y 114 del sector público, cifras que revelan un descenso dramático en el número de sindicatos y de sindicalizados en décadas recientes, y hoy la cifra de ocupados sin protección laboral va en aumento, sin embargo, a pesar de los obstáculos en la legislación laboral y la criminalización de la protesta social, los trabajadores se siguen organizando. 

La lucha obrera hace parte de nuestra historia nacional, durante todo el siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI, los trabajadores han escrito páginas memorables por la defensa de los derechos laborales y por reivindicaciones sociales que rebasan la relación estrictamente laboral. Procesos de lucha de diversos sectores, como los petroleros, los maestros, los de servicios públicos, entre otros, han sido liderados por mujeres y hombres ejemplares como la flor del trabajo, María Cano, Raúl Eduardo Mahecha, Ignacio Torres Giraldo, en la primera mitad del siglo XX, y más recientemente Manuel Gustavo Chacón, líder de la Unión Sindical Obrero (USO), campesino, poeta y músico cantautor, quien fue asesinado en el año de 1988, defendiendo los derechos de los trabajadores y el derecho a su organización, y así podemos encontrar muchas muertes que quedaron en impunidad, pero que marcaron la historia de Colombia y de sus trabajadores.

El sector sindical enfrenta grandes retos en la sociedad de mercado actual, y para el caso colombiano, urge su fortalecimiento, para lo cual es necesario y prioritaria la unidad de los trabajadores, en torno a un proyecto social alternativo, que impulse las luchas por la transformación de las condiciones de vida de diversos sectores sociales, explotados y marginados, y para que esto empiece a ser un hecho, el sindicalismo debe hacer una lectura interna y crítica sobre sus prácticas, que valore el sentir de las bases. 

En el caso del Magisterio colombiano, si bien es cierto que las/os Maestras/os han dado y siguen dando una lucha por la defensa de una educación pública, en contra de las políticas privatizadoras del Estado colombiano, también es cierto que aún con su multitudinaria movilización no se ha podido lograr cambios trascendentales, que se han trazado como posibles de alcanzar. Este contraste entre una enérgica y masiva movilización, una actitud firme de toda la base sindical magisterial de sostener en alto la lucha, y al final una entrega de las reivindicaciones por la cuales luchamos por parte de los dirigentes, es cuestionable. ¿Cuál es entonces el papel de la organización sindical? ¿Cuál es el rol de un dirigente sindical en la defensa de las reivindicaciones? El poder mediático, al servicio de la élite dirigente, aprovecha muy bien esta situación promoviendo una cultura individualista, que fragmenta las luchas del pueblo colombiano y divide a los distintos sectores en lucha. 

Por lo anterior, una de las tareas que tiene el sector sindical en Colombia es hacer una autocrítica, que permita reflexionar frente a su capacidad de acción en la defensa de los derechos laborales y sociales, resultado de la cual se deben impulsar nuevas prácticas sindicales, de democracia participativa y decisoria junto a las bases, que no son otras que las clases explotadas del pueblo.

¿Es importante la organización sindical en Colombia? Por supuesto que sí, pero debe ser un sindicalismo proclive a la unidad de clase, que represente los intereses de nuestras comunidades, conduciéndolas a mejores condiciones de vida, para lo cual se ha de proyectar la labor organizativa de los trabajadores más allá de la exigencia de reivindicaciones económicas, o de garantías laborales que se expresan en un paro o en una movilización coyuntural, y articular nuestra lucha a la de los distintos sectores sociales en lucha en nuestro país, definiendo conjuntamente un programa social de garantías de bienestar social y vida digna para toda la sociedad. 

Esto exige que la organización sindical debe estar alejada de la descomposición política, de la corrupción y el autoritarismo, y si esto dicho se confirma en el entreguismo de las banderas de lucha por parte de las dirigencias, hoy más que nunca se hace evidente y necesaria la consigna de que “otras prácticas sindicales son urgentes”, para garantizar verdaderos cambios en contra de la tercerización laboral, contra el mal sistema de salud, entre otras tantas reformas neoliberales que afrontamos, y que solo será posible transformarlas, a través de una gran coyuntura social, política y económica, para las clases explotadas, para los pobres de Colombia. Por todo ello, estamos obligados a asumir los retos por las transformaciones que la sociedad requiere, tarea a la cual les convocamos compañeras y compañeros del magisterio, organízate, movilízate y lucha.

 

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