“Lástima que lo urgente no deje tiempo para lo importante”.

Mafalda.

Hace algún tiempo, hemos venido escuchando que la educación como proceso formativo de hombres y mujeres, no debe ser más que el cúmulo de experiencias significativas que exploren con afán las diferentes dimensiones de nuestros estudiantes, que posibilite a través de la elucubración de nuevos saberes la creatividad y la innovación de niños y niñas con el fin de que estos logren explorar sus capacidades y descubrir sus pasiones.

También hemos escuchado que la educación de hoy obedece a tendencias que se quedaron en el pasado y que se rehúsan a explorar nuevos recursos fuera de su zona de confort, es decir, que a pesar del compromiso y las razones de peso de los actores sociales que valientemente aportan su grano de arena para mantener el equilibrio transicional de esta bella labor, aún luchamos contra el monstruo grande de lo que llama el experto KENT ROBINSON, “Una educación anacrónica”, quien argumenta que frente al problema de la calidad educativa de nuestras instituciones, nos hemos dedicado a elevar, modificar y replantear los criterios o estándares que se convierten en la ruta a seguir para alcanzar la excelencia, dejando de lado apreciaciones más profundas como la necesidad de descubrir en nuestros niños y niñas sus talentos, pasiones y destrezas; Aspiraciones que según el educador, escritor y conferencista británico, motivan al estudiante.

Así las cosas, encontramos diversos puntos de vista que enriquecen la discusión y plantean a través de la multiplicidad de las ideas, posibles soluciones al problema de educar, y una de ellas es sin lugar a dudas las nuevas tecnologías de información y comunicación, ya que actualmente nuestros estudiantes son consumidores primarios de dichos recursos y a través de estos, podemos retomar nuestra labor de orientadores, posibilitando un aprendizaje experimental que mire hacia las disciplinas científicas y artísticas como espacios para el desarrollo de mentes creativas e innovadoras a través del trabajo colaborativo, los aprendizajes basados en problemas, la indagación, la investigación, la construcción de entornos de aprendizajes soportados en las Tic y proyectos de participación auto organizada donde se enfaticen temas como la paz, la resolución de conflictos, los procesos de alteridad y la convivencia pacífica.

Todo esto, se convierte en una posibilidad más que nos permite avanzar en la construcción de un nuevo paradigma, con argumentos que miran hacia la realidad de nuestro mundo globalizado y que afecta de manera directa el quehacer de la labor docente, ya que no solo nos enfocamos en el desarrollo de prácticas pedagógicas como reflexión de los saberes cognitivos o disciplinares, sino que también, nuestra razón de ser, va direccionada a la formación de nuevos seres humanos, capaces de resolver problemas y de construir una nueva sociedad fundamentada en el respeto a la diferencia, la reconciliación, el perdón y la paz.

Vemos pues que se hace necesario entonces, permitirnos otras miradas, socializar nuevas ideas, capacitar nuestra mente para la creación de nuevos espacios de discusión e investigación  y nuevas propuestas que fundamenten la educación del ahora y del futuro, de cara a la realidad de las nuevas familias y sus nuevos actores sociales, quienes necesitan una educación más liberadora, pensante y critica, que transforme sus vidas bajo el presupuesto y la necesidad política, económica y social de nuestro país y del nuevo mundo.

Así las cosas, uno de los caminos a seguir, es la necesidad de la paz, concebida esta como la posibilidad de crear nuevos espacios de reflexión sobre el quehacer del hombre como miembro activo de la sociedad que nos convoca, involucrándola no solo en los discursos mediáticos para intentar mimetizar el concepto como una fórmula mágica para el fin de la guerra, sino, involucrándola de manera asertiva en el desarrollo consciente de las prácticas humanas, es decir; en la escuela y desde la escuela, mediante la participación de todos sus estamentos y con proyección hacia las comunidades, quienes como compromiso social de nación, deben asumir el acto de su práctica y reflexión.

¿Pero cómo podemos lograr un nuevo proyecto de nación soportado desde una educación para la paz?. 

Sabemos que es un interrogante con muchas acepciones, pero también me atrevería a decir, que es la única posibilidad de crear cambios estructurales en la forma de pensar de nuestras futuras generaciones y actuales sociedades, pues solo a través de conceptos como la paz, la reconciliación y la memoria, es posible reflexionar sobre lo que nos une y fortalece para seguir avanzando en la búsqueda de nuevas y mejores formas de vida que contribuyan al desarrollo sostenible de nación, al bienestar general de los pueblos, la equidad, el reconocimiento del otro y la aceptación del mismo por su cualidad de ser humano.

Finalmente, solo queda por decir que no solo el discurso logrará consolidar en la mente del hombre la necesidad de vivir en procura de la paz, sino que hace falta el compromiso de asumir el reto entre todos de vivirla y experimentarla.

Por: Miguel Ángel Castellanos Angulo.

Lic. Ciencias Sociales.

Mesa de investigación FUMPAZ

 

 

 

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