Pensar en los grandes exponentes latinoamericanos, como lo son el peruano Aníbal Quijano, el argentino Walter Mignolo y el colombiano Santiago Castro Gómez  entre otros, que han planteado  teorías sobre la descolonización, me lleva a recapacitar sobre las múltiples cosas de las que aún debemos desprendernos. 

Teniendo en cuenta que fuimos y seguimos siendo parte de un proyecto occidental desde el momento de la llegada de los invasores, en donde se nos   impuso una lengua, creencias, mitos, costumbres entre otras cosas, puedo afirmar que el arte, no escapó a esa acción colonizadora y adoptamos cánones “universales”, donde se nos vendió la idea del artista genio, del virtuoso y que además supone un sujeto masculino, blanco y occidental, fueron tantos los  imaginarios culturales, como el de la limpieza de sangre que nos hicieron sentir inferior, aun en el arte mismo, a tal punto que nuestras herencia artística ancestral, ha sido desplazada, subvalorada y muchas veces  excluida. 

Desde ese discurso occidental se consideró que la música latinoamericana tuvo su origen a partir de la llegada de los españoles y que gracias a ellos se pudo contribuir a su evolución, en este sentido podemos observar cómo se negó de gran manera las expresiones originarias, las sonoridades propias y las formas de producción de los pueblos latinoamericanos. 

La colonialidad se presenta entonces, como un fenómeno histórico que ha perdurado a través del tiempo, hace referencia a esquemas de poder que operan por medio de la naturalización de jerarquías territoriales, raciales, culturales y epistémicas posibilitando la reproducción dominante del ser y del saber. 

Frente a este hecho surgen, desde diversos países Latinoamericanos, las ideas y   la necesidad misma de descolonizarnos, entrando en reflexiones profundas acerca de nuestras raíces, del valor de la tierra, de nuestro cuerpo y la naturaleza. 

Si bien, son importantes los aportes científico que se han realizado desde los países occidentales, no quiere decir que debamos asignarle una superioridad respecto a nuestros orígenes y nuestra cultura. Por lo tanto, no se trata de no reconocer los grandes avances y aportes que desde el mundo Europeo han surgido, claro que no, pero si es de suma importancia conocer, comprender y valorar nuestra cultura. 

Reconocernos en los tambores, en los cantos, en los ritmos y en toda aquella música  indígena y afrocolombiana que en nuestros tiempos aún se alzan como cantos de resistencia, encontramos entonces pueblos como palenque donde el lumbalú, el mapalé y muchos ritmos más fortalecen nuestra  identidad, de igual forma las diferentes etnias existentes en nuestro territorio tienen las más fuertes connotaciones  de nuestras raíces,  en sus ritos podemos encontrar cantos ancestrales como por ejemplo los que se presentan  en la toma del jage que hacen los indígenas del putumayo y otras regiones cercas, esta toma la realizan para limpiar su cuerpo y los cantos poseen características muy particulares  de carácter paralingüísticos, modulaciones en la voz, soplos, palmas y silbidos y además  dan testimonio de las formas medicinales que tradicionalmente aplicaban los indígenas antes de la llegada de los españoles.

Además de las expresiones culturales mencionadas anteriormente podemos encontrar en nuestro país un sinnúmero de prácticas que nos permiten encontrarnos con una concepción diferente a la que la historia oficial nos ha enseñado.

Cabe entonces preguntarnos ¿Por qué hemos excluido muchas de las expresiones tradicionales del arte en nuestro territorio?

El seguirle el juego al mercantilismo y al consumismo sin permitirnos siquiera pensar en lo nuestro es inadmisible. Indudablemente hay que volver la vista atrás.

Debemos ir en la búsqueda de la recuperación y fortalecimiento de las identidades étnicas, culturales, espirituales y la cosmovisión de los pueblos originarios.  El arte como elemento de transformación social debe contribuir a los cambios que se necesitan, debe elevar toda su potencia para aportar a procesos de descolonización, rompiendo todas las barreras que dividen e impulsan las diferencias como por ejemplo artista-artesano, clásico-popular etc. Para encontrar caminos que nos lleven a encontrar nuestra propia identidad.

Sandra Salazar

Licenciada en Música 

 

Fumpaz

Fundación por el medio ambiente y la paz en Colombia.

[+] Ver pronunciamientos

DDHH

Todas las personas tienen derecho a gozar y disfrutar por igual, de los derechos humanos que reconoce la Constitución y los tratados internacionales.

[+] Ver documentos

Medio Ambiente

Trabajando por los recursos naturales.

[+] Ver documentos