Ponencia en el marco de la I Bienal de Arte de Kennedy   21 de abril 2016

Desde la invasión, el colonialismo Español y los dos siglos de vida republicana que lleva el país, el suelo colombiano se ha bañado en sangre. Somos una mezcla nauseabunda de sociedad indiferente  al terror, a la injusticia y al dolor del otro. Lo cierto es que la guerra tiene consecuencias directas o indirectas sobre toda la población civil.

Con el anuncio de la fase pública de la mesa de negociación con el ELN en Caracas, el proceso de dos años de diálogo en la mesa de la Habana y con los medios anunciando la firma de un acuerdo de paz con las FARC EP, sectores de la sociedad alimentan con optimismo el anhelo de paz en Colombia;    también  persisten una minoría de la sociedad, pero con un gran poder político y económico encabezado por un personaje como Uribe la idea y el sentimiento de mantener la guerra y el sometimiento del pueblo por medio la violencia y el terror.

Somos un pueblo gobernado con un proyecto de nación construido sobre la exclusión social, la cultura de la política de los fusiles  y urnas, la política de la compra de votos con ladrillos, cemento y tamales y toda una serie de particularidades que recuerdan el discurso de Gabriel García Márquez, cuando en el año de 1982 recibió el premio nobel de Literatura y que tituló La soledad en América Latina.

  “Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte.”

 “Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida.

 García Márquez, Gabriel.

 ―La soledad de América Latina‖, Discurso de aceptación del Premio Nóbel, 1982

Vivimos en un país donde la realidad supera la ficción, por eso son numerables las obras de arte, las películas de ficción, los documentales, las obras de teatro y canciones inspiradas y basadas en hechos reales que relatan la barbarie  colombiana y que en el peor de los casos, la gran mayoría de colombianos, desconoce que fueron hechos reales de nuestra historia.

Volviendo al tema, de  vientos que soplan de paz en nuestro país, es importante señalar que la paz va más allá de la firma de unos acuerdos basados en la dejación de armas  para la ampliación de unos espacios de participación política de uno u otro grupo alzado en armas. 

Hay que entender que el conflicto social y violento que vive Colombia no solo es económico y político, el conflicto es también profundamente cultural.

Se necesita para la construcción de la paz,  una transformación cultural para que a la gente le importe la paz y participé de su construcción. Para que haya paz en Colombia es necesario comprometer a toda la sociedad en un proyecto de nueva sociedad. 

Vivimos en una cultura alienada basada en prototipos de vida “traqueta, mafiosa  machista y lumpe”. Series de TV con alto rating  de capos y  prepagos, Asco de programas como “Muy buenos días, El lavadero y tantos otros”  que poco aportan al proceso de valores y humanidad que tanto necesita está deprimida  e indiferente sociedad colombiana.

En un proyecto de nueva sociedad donde todas y todos nos comprometamos, el arte y la cultura juegan un papel fundamental y  es un debate que debemos dar en todos los sectores de la sociedad, en el movimiento social y con los actores directos e indirectos del conflicto en Colombia. 

Se necesita de artistas que les importe la paz y la construcción de una cultura para  reconocimiento de  nuestra  identidad como pueblo, contar la historia de Colombia para hacer  la memoria y mitigar el dolor, necesitamos de arte para una cultura con sentido de  pertenencia por el territorio y el  medio ambiente.

Algo se pudo ver con la administración  anterior de Gustavo Petro y hoy Bogotá y sus calles están llenas de colores y murales que proponen una alternativa de sociedad y la esperanza de una nueva sociedad, basta darse un paseo por la carrea decima con Jiménez o la calle 26.

Pero la política institucional   en materia cultural es insuficiente para garantizar a la ciudadanía algo tan básico como el derecho fundamental  a la recreación, al ocio, el derecho a vivir y gozar del arte y la cultura, algo determinante en la formación integral del ser humano. Esta es otra batalla, hay que disputar al estado exigiendo políticas reales en materia de cultura y arte para la ciudad; por  el momento el arte y la cultura son más bien un instrumento de propaganda y alienación para una sociedad consumista y superficial. Siendo autocríticos y reflexivos también  el movimiento social ha caído en el error de ver las prácticas culturales del pueblo  y el arte como un instrumento panfletario y de cooptación. 

Pero volviendo a las palabras de García Márquez y  citadas en esta ponencia; artistas en medio del terror y la Macondiana sociedad colombiana, han buscado inventar nuevas formas  de construir un discurso estético para hacer  memoria de los  hechos de violencia.  

Un ejemplo de hacer cultura y arte para una nueva sociedad, es  esta iniciativa de la I Bienal de Arte de Kennedy un espacio alternativo y auto gestionado organizado por jóvenes que de una u otra manera son sensibles al milagro de la vida y el arte, y que hoy permite a la comunidad hablar de paz desde una perspectiva artística y cultural  construyendo propuesta de sociedad desde las mismas obras de arte hoy expuestas en esta Bienal y dispuestas de manera gratuita a toda la comunidad.

Como Escuela de Arte Taller sur estamos convencidos del gran aporte que hace el arte y la cultura a la dimensión formativa e integral del ser Humano, El arte y la cultura son un derecho fundamental y en cierta forma ayudan a remediar o a mitigar el dolor por tantos años de violencia, pero lo más importante ayuda  a recrear la imaginación para forjar la conciencia crítica y colectiva para que a la sociedad y a la gente le importe el tema de la paz.

 

 

Fumpaz

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